Stablecoins: lo que los bancos quieren conservar
Guardar las reservas no basta para conservar al cliente. Qivalis y los depósitos tokenizados muestran qué se disputan bancos y emisores de stablecoins.

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El 20 de mayo de 2026, Qivalis anunció que reunía a 37 bancos de 15 países europeos para desarrollar una stablecoin en euros, un token digital diseñado para seguir el valor del euro. Casi cinco meses después, un aviso al pie de su web muestra el camino que aún queda: a 10 de octubre, la empresa sigue indicando que espera su autorización y que no emite dinero electrónico ni presta servicios de pago al público. [1] [2]
Entre esa lista de bancos y un pago que alguien pueda realizar, falta construir un servicio. Mientras tanto, otros proveedores ya ocupan las billeteras digitales. Para los bancos, está en juego el papel que conservarán: el de la entidad que el cliente elige para pagar o el del proveedor que trabaja detrás de otra marca.
La cuenta de reservas y la pantalla del cliente
Los bancos ya están presentes detrás de algunas stablecoins. Circle, el emisor de USDC, publica unas reservas que incluyen depósitos bancarios y activos vinculados a letras del Tesoro estadounidense. El token circula por una blockchain; los activos que lo respaldan siguen conectados al sistema financiero. [3]
Eso no garantiza al banco el mismo papel comercial. Imaginemos una empresa que cobra sus facturas en una billetera y elige allí su servicio de cambio de divisas. En esa aplicación consulta el saldo, compara costes y pide ayuda. Un banco podría custodiar parte de las reservas sin ser el interlocutor de esa empresa.
Una nota de investigación publicada por la Fed en diciembre de 2025 ayuda a entender la diferencia: las stablecoins pueden cambiar la distribución y la composición de los depósitos sin vaciar necesariamente el sistema bancario. La autora también describe acuerdos en los que un banco aporta la infraestructura y una plataforma ofrece el servicio bajo su propia marca. [4]
El banco podría seguir trabajando y obteniendo ingresos, aunque resulte menos visible. Para quien aporta la infraestructura, puede ser una oportunidad. Para quien pierde el contacto con sus clientes, el mismo cambio puede debilitar su posición. Hablar del retraso de «los bancos» como un solo grupo oculta esos intereses distintos.
La ventaja también está en los hábitos
Esta competencia empezó antes de los últimos consorcios bancarios. Cuando lanzó USDC, el 26 de septiembre de 2018, Circle anunció que más de veinte empresas lanzaban o preparaban su compatibilidad. Desde el principio, el token estaba ligado a las aplicaciones que podrían utilizarlo. [5]
Un nuevo emisor tiene que construir esas conexiones. Una stablecoin aporta poco a una empresa si sus proveedores no la aceptan, si su billetera no la admite o si necesita otro intermediario para convertirla. Su utilidad depende de esa cadena de relaciones. Un nombre bancario conocido puede inspirar confianza; no sustituye las conexiones necesarias para el próximo pago.
Un consorcio busca reunir a las entidades y sus redes. Pero sus clientes no se convierten en usuarios del token el día en que su banco se incorpora. Entre un acuerdo de directivos y un hábito de pago, el producto todavía tiene que encontrar su lugar en el trabajo del cliente.
Distintos bancos eligen distintos papeles
Algunos grupos quieren emitir conjuntamente. El 1 de septiembre de 2026, 21 instituciones financieras anunciaron su compromiso de constituir una sociedad, sujeto a condiciones, con el objetivo de lanzar una stablecoin en dólares en el primer semestre de 2027. Ese calendario describe un proyecto, no un medio de pago ya disponible. [6]
Otras entidades ya ofrecen sus propios activos. SG-FORGE, filial de Société Générale, presenta EUR CoinVertible y USD CoinVertible y publica su circulación. Su proceso de suscripción directa se dirige a inversores institucionales tras completar el alta. Estos productos contradicen la idea de que todos los bancos se han quedado al margen. [7]
Otra respuesta consiste en trasladar el propio depósito bancario a una blockchain. El 12 de noviembre de 2025, J.P. Morgan anunció la disponibilidad de JPM Coin, con el símbolo JPMD, para sus clientes institucionales en Base. El banco lo describe como la representación digital de un depósito. El acceso anunciado se limita a esa clientela. [8]
La diferencia importa a quien recibe el dinero. Con un depósito tokenizado, el derecho de cobro sigue siendo frente al banco emisor. Una stablecoin respaldada por reservas utiliza otro esquema de emisión y reembolso. Dos pantallas parecidas pueden mostrar instrumentos distintos. Hay que identificar quién debe el dinero y cómo recuperarlo. El BPI distingue ambos modelos en su informe de 2026. [9]
Elegir un instrumento también implica elegir un papel. Emitir un token, distribuir un activo ajeno o modernizar un depósito sitúan al banco en puntos diferentes de la relación con el cliente.
El pago debe llegar más allá de los bancos fundadores
El número de bancos participantes no resuelve por sí solo el problema del destinatario. Pensemos en una situación ficticia: una empresa quiere pagar a un proveedor extranjero un sábado. La billetera confirma la transferencia. El proveedor aún necesita utilizar el dinero para pagar las nóminas o su próximo pedido.
Si eso exige una conversión, otra cuenta o un servicio que abre el lunes, la confirmación solo ha cubierto parte de la necesidad. La velocidad de la transferencia no determina el plazo completo ni el coste final. El BPI señala resultados desiguales en los pagos transfronterizos cuando se incluyen las comisiones de conversión y de entrada o salida de las stablecoins. [9]
Un banco que conecte esas etapas puede aportar algo decisivo: un proceso que el cliente sepa utilizar y un interlocutor cuando un pago se atasca. Su red resulta útil si el proveedor puede recibir y emplear los fondos en condiciones adecuadas. Lo es menos si cada entidad le exige empezar de nuevo el proceso de alta.
Aquí la relación con el cliente adquiere un sentido concreto. La empresa tiene un motivo para volver al servicio que le permita completar el pago y entender qué ha ocurrido. La marca del token no basta para saber cuál será.
Los volúmenes todavía no señalan al ganador
Las cifras de circulación no resuelven esta competencia. En su informe de 2026, el BPI describe unos usos todavía concentrados en la compraventa de criptoactivos. El volumen de tokens en circulación no dice cuántos proveedores cobran ni cuántos clientes vuelven cada mes. [9]
Incluso los volúmenes de transferencias requieren una lectura cuidadosa. El 18 de septiembre de 2026, Visa redujo los volúmenes ajustados de su panel tras actualizar las categorías de direcciones y las reglas de procesamiento. Una mejor identificación de la actividad automatizada cambió el recuento. Ese movimiento no equivalía a una caída de las compras. [10]
Para evaluar un servicio bancario, las pruebas más útiles están cerca del cliente: quién puede darse de alta hoy, a qué destinatarios puede pagar, cuánto llega al final y si existe un uso repetido. Esos datos permitirían comparar servicios que los anuncios colocan demasiado pronto en una misma carrera.
Lo que aún les queda por ganar
Los bancos llegan a mercados donde otros proveedores ya distribuyen stablecoins. También cuentan con relaciones e infraestructuras que esos proveedores pueden necesitar. Lo que ocurra dependerá de su capacidad para convertir esa posición en un servicio que el cliente elija y vuelva a utilizar.
Para Qivalis, pasar de esperar la autorización a emitir será una etapa que habrá que comprobar. Después, la prueba será el uso: una empresa que paga a sus proveedores y vuelve para la siguiente factura. Ahí podrá verse qué banco conservó la relación y cuál presta ahora el servicio en segundo plano.
Para profundizar: las stablecoins como infraestructura de pagos y el proyecto Qivalis.
Fuentes
- [1] Qivalis, ampliación a 37 bancos, 20 de mayo de 2026
- [2] Qivalis, situación regulatoria consultada el 10 de octubre de 2026
- [3] Circle, composición de las reservas, consultada el 10 de octubre de 2026
- [4] Jessie Jiaxu Wang, FEDS Notes, posibles efectos sobre los bancos, 17 de diciembre de 2025
- [5] Circle, lanzamiento de USDC, 26 de septiembre de 2018
- [6] Santander, proyecto de 21 instituciones financieras, 1 de septiembre de 2026
- [7] SG-FORGE, productos CoinVertible y suscripción, consultados el 10 de octubre de 2026
- [8] J.P. Morgan, JPM Coin para clientes institucionales, 12 de noviembre de 2025
- [9] BPI, Informe Económico Anual 2026, capítulo III: dinero y stablecoins
- [10] Visa Onchain Analytics, revisión metodológica del 18 de septiembre de 2026
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